Fallece Carmen Machado Monedero, sobrina de Antonio Machado

por | Feb 1, 21

Manuel Álvarez Machado, sobrino del poeta, anunciaba el 1 de febrero de 2021 el fallecimiento en Chile de Carmen Machado Monedero, una de las tres hijas de José, hermano de Antonio Machado, y Matea. Las tres estuvieron con la familia en Rocafort para partir, en el 38, a Rusia. Su presencia era fundamental, para nosotros, en Los días azules. Quisimos creer que ellas fueron una de las pocas fuentes de alegría que tuvo el poeta en esos días aciagos.

Cuando estuvimos en la casa de Rocafort pudimos sentir su presencia, con el sol en los cristales: las clases de don Antonio, las horas de juego infantil bajo los limoneros y, claro está, la amarga despedida para siempre. Ahí queda esa viñeta, como un juego detenido en el tiempo. Un instante imaginado, pero eterno.

Mayo de 2019. En esta galería, Antonio Machado daba clases a sus sobrinas en Rocafort (Valencia).

El poeta en enseñó a leer a Carmen Machado Monedero

Carmen Machado Monedero y sus hermanas, María y Eulalia, formaron parte de las expediciones de Niños Rusos. En 1938 partieron por decisión de sus padres, que querían evitarles los horrores de la guerra y procurar su salvación. Llegaron a Moscú gracias a la mediación de un secretario de la Institución Libre de Enseñanza.

En 1940, cuando Antonio Machado y su madre Ana Ruiz ya habían fallecido, José y Matea consiguieron seguir el camino del exilio hasta Chile, a bordo del barco Formosa. Nueve años después, fue posible el reencuentro de Carmen con sus padres en Santiago, para lo que renunció a sus aspiraciones de estudiar medicina.

Carmen Machado Monedero, la menor de las tres, guardaba grandes recuerdos de su tío Antonio. Se preocupó por la educación de las tres pequeñas y fue él quien enseñó a la más pequeña a leer.

Antonio Machado, Matea Monedero, José Machado, Carmen, Eulalia, María (las sobrinas) y Ana Ruiz (madre del poeta).

Villa Amparo (Rocafort), un lugar de ensoñación y juego

La brillante luz de Valencia nos ayudó a recrear en Los días azules la atmósfera perfecta para que nuestro Antonio Machado, el del cómic, pudiera regresar a su infancia. Los limoneros fueron su magdalena de Proust, como también lo fueron (y así lo quisimos creer) los juegos de las pequeñas en el jardín, las risas, las canciones y la alegría, intrínsecas de la infancia. Todo, presente y tan vivo… a pesar de la guerra.

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