El camino al exilio de Antonio Machado: otro punto de vista

por | Ago 1, 21

Fue una de las últimas fotos de Antonio Machado. Esta misma instantánea, la del poeta rodeado de otros hombres de camino al exilio, mirando hacia el suelo y apoyado en su bastón haciendo una especie de dibujo en el suelo, fue la que inspiró las primeras páginas de nuestro cómic. De hecho, en este es el poeta el que dibuja, con la mirada puesta en sus últimos días y la vida dejada atrás para siempre, el camino al exilio de sus compatriotas: una larga hilera de mujeres, hombres, niñas y niños huyendo de la barbarie fascista hacia la vecina Francia.

Las crónicas señalan la medianoche del 22 de enero de 1939 como fecha más probable de la salida de la familia Machado, en un coche oficial enviado por el doctor Puche, desde Torre Castañer, en Barcelona. Así lo indica Ian Gibson en su Ligero de equipaje y relata, a continuación, la llegada a la masía de Can Santamaría, ubicada cerca del pueblo de Raset. Allí se reunieron otras personalidades como Corpus Barga, Carles Riba, Clementina Arderiu, Tomás Navarro Tomás, Enrique Rioja, José Sacristán, Juan Roura, Emilio Mira López, Josep Pous, Joaquim Trias i Pujol, Pedro Carrasco o José Royo Gómez. En la instantánea, tomada en una de aquellas tardes, aparece Machado (64 años), José Machado (su hermano), José Sacristán, Enrique Rioja y Juan Roura.

La siguiente parada, más breve, fue la noche del 26 al 27 de enero, en una masía conocida como Mas Faixat, en Viladesens, a escasos kilómetros de Can Santamaría. Sin embargo, la confusión acompaña las narraciones de aquellos días aciagos. El angustioso paso hacia la frontera, la noche en un vagón de tren abandonado en la estación de Cerbère y su llegada, finalmente, a la localidad costera de Collioure el 28 de enero fueron el final de ese penoso periplo. Decimos final porque a partir de ahí, poco más de un mes restaría de vida al poeta y a su madre: Antonio Machado falleció en el Hotel Bougnol-Quintana un Miércoles de Ceniza, a las tres y media del a tarde, del 22 de febrero de 1939. Su madre, Ana Ruiz, lo hizo el 25 de febrero a las ocho de la tarde.

El exilio de Machado, según Hugh Thomas

Trabajando sobre un libro de la Doctora Marisol Dorao (Madrid, 1930-2017), Los mil sueños de Elena Fortún (Alboroque Ediciones), encontramos un fragmento que nos habla de los días exilio de los intelectuales españoles tras llegar a Francia, a los campos de refugiados. En este caso se habla explícitamente del Campo de concentración de Le Boulou y se cita a Hugh Thomas, describiendo el campo de concentración, del siguiente modo:

“No eran más que espacios abiertos a la orilla del mar, de dunas, rodeados de alambre de espino, de donde no había forma de salir. Los hombres cavaban hoyos en la arena, como animales, para guarecerse. Los campos eran quince, vigilados por senegaleses. En una ocasión estuvieron diez días sin agua ni alimentos, y nadie se ocupó de los que estaban heridos o enfermos. Entre estos estaba el poeta Machado, que poco después murió en Collioure, por habérsele recrudecido el asma de que sufría, debido a las malas condiciones del campo de refugiados”.

El mismo Thomas indica, según Dorao, que “el recién nombrado embajador republicano de España en París, Marcelino Pascua, intentó llevarse a Machado a París, pero el poeta estaba ya demasiado grave para ser trasladado”.

Esta versión de los hechos llama la atención, puesto que el de Le Boulou parece que era un campo de clasificación y está notablemente lejos de Els Belitres, frontera entre Francia y España que cruzó Machado y su familia, para ser desplazados a Cerbère y, finalmente, a Collioure.

Sea como sea, parece que queda patente que, de no ser por su enfermedad, Antonio Machado habría tenido la oportunidad de desplazarse y salvar su vida y la de su familia, gracias, por supuesto, a su condición de ilustre poeta español. No hay más que recordar la carta que concluye nuestra obra, del profesor J. B. Trend, en la que se ofrecía a Machado el Lectorado del Departamento de Español de la Universidad de Cambridge. Lamentablemente, la misiva llegó tarde, pero en las condiciones de salud del poeta, puede que también hubiera servido de poco.

Bibliografía citada

  • GIBSON, I: Ligero de equipaje. Santillana, Aguilar. Madrid, 2006.
  • DORAO, M: Los mil sueños de Elena Fortún. Alboroque Ediciones, 1999.

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